
Fue entonces, al darse cuenta de que se perdía entre sus deseos, que decidió plantarle cara al propio miedo de que nunca se hicieran realidad. Decidió que de vida sólo había una y que era demasiado corta para pararse a pensar en que opinaran los demás. Y es que sus deseos eran sólo SUYOS, y nadie más podía lograr hacerlos realidad. Así que decidió arrancar, echarse a volar, sin miedo a quien se le pusiera por delante, pues por cada golpe contra el suelo, ella se levantaría dos veces, volando cada vez más arriba, y así lograría poder contemplar las maravillosas vistas que tiene la vida.
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